jueves, 25 de septiembre de 2008

LO QUE SOMOS Y TENEMOS (GÁLATAS 4:1-7)

“Pero también digo…”. Es como si Pablo dijera, “tengo más cosas que añadir al pensamiento del capítulo 3”.

Los versículos 1 al 7 de este capítulo presentan 2 realidades de nuestras vidas: lo que no somos (versículos 1-3) y lo que somos (versículos 4-7).

Al tiempo, presenta dos estados que derivan de estas realidades: lo no que tenemos y lo que tenemos.

El propósito del apóstol es enfatizar en la verdadera posición de los hijos de Dios y su consecuente aplicación a su andar. Particularmente, en el caso de los gálatas, los creyentes allí habían caído en errores doctrinales en cuanto a la salvación y a la vida cristiana que estaban afectando su libertad y su diario vivir.

Pablo no escatima argumentos en su carta para hacer entrar en razón a sus destinatarios; si los creyentes comprenden la magnitud de lo que significa ser hijo de Dios, no hay error doctrinal que les esclavice.

LO QUE NO SOMOS:

Herederos niños (vers. 1). Incapaces, inmaduros. La salvación que Dios nos dio no consistió en ponernos en una condición “incompleta”; sería como decir recibimos la salvación pero todavía nos falta completarla o tenemos que hacer esfuerzos para alcanzar las promesas de la herencia o las bendiciones de Dios.

Esclavos (vers. 1). Si fuésemos herederos niños, seríamos como esclavos; tendríamos que estar sujetos a pesados yugos de legalismo que nos someterían a una vida de esfuerzos que nunca serían suficientes. Pablo habló al comienzo de la epístola de los que pervierten el evangelio y quieren perturbar a los creyentes (Gálatas 1:7).

¿Es posible que alguien que es libre sea reducido a esclavitud? Este es el intento de las falsas doctrinas (Gálatas 2:3-5). Esto estaba sucediendo a los gálatas. La actitud vehemente del apóstol fue: “a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros”.

LO QUE NO TENEMOS

Tutores y curadores (vers. 2). Si fuésemos herederos inmaduros e incapaces de disfrutar la herencia y las bendiciones de Dios, necesitaríamos efectivamente de quien nos guiara, cuidara y administrara nuestra herencia; la condición del creyente no es como la de Israel con la ley (Gálatas 3:24-25): “Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” y añade: “pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo”.

Esclavitud del mundo (vers. 3). ¿Qué significa estar en esclavitud bajo los rudimentos del mundo? El versículo 9 de este capítulo dice: “mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Y para dar un ejemplo en qué consisten estos rudimentos del mundo, en el versículo 10 les dice: “guardáis los días, los meses, los tiempo y los años”.

También en Colosenses Pablo va a hablar acerca de los rudimentos del mundo; capítulo 2 versículos 8 y 20 al 23 dice: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo… Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: no manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”.

LO QUE SOMOS

Redimidos (vers. 4-5). La maravillosa intervención de Dios en la historia de la humanidad y en la historia de nuestras vidas. Dios entra en acción… Aquí se expresan 2 maravillas:

El cumplimiento del tiempo: se refiere al final de un periodo determinado y al comienzo de otro. Había llegado el momento en el reloj de Dios para llevar a cabo lo que Él había diseñado desde antes de la fundación del mundo. Era el tiempo oportuno en todas las formas:

Las 69 semanas de Daniel acababan su curso; llegaba el tiempo de ver al “Mesías Príncipe”. Muchas profecías empezarían a tener cumplimiento.
Ya la ley había cumplido su propósito.
El escenario político era el preciso con la expansión del imperio romano y su conexión a través de carreteras que facilitarían la comunicación del evangelio.
El griego como lengua universal facilitaría la predicación del evangelio.

Había llegado “el tiempo señalado por el Padre”; había llegado la simiente de Gálatas 3:19: “entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa”.

Dios envió a Su Hijo: cuando hablamos de redención, debemos pensar en un precio; en repetidas ocasiones la Palabra de Dios afirma que “el Padre ha enviado a Su Hijo, el Salvador del mundo” (1ª Juan 4:14); que “Cristo Jesús vino al mundo” dice 1ª Timoteo 1:15; Dios “no escatimó a su propio Hijo” en Romanos 8:32.

Sólo el Hijo de Dios podía llevar a cabo la obra de la redención; para esto era necesario que él cumpliera con las condiciones para ser el pariente redentor del Antiguo Testamento. Primero, debía ser de la familia (“nacido de mujer”); es decir, para redimir a la raza humana debía ser humano. Segundo, debía poder redimir (“nacido bajo la ley”); es decir, naciendo como judío, al haber sido circuncidado al octavo día, estaba obligado a guardar toda la ley. Él guardó toda la ley y pudo redimir de la maldición de la ley a todos los que allí nos encontrábamos.

Hijos adultos adoptados (5). Hijos legalmente adultos, con todos los beneficios, toda la capacidad y la madurez para disfrutar su posición. De esta manera Dios muestra la gloria de su gracia; por Su voluntad, en Cristo, nos ha redimido y nos ha dado la posición de hijos de Dios. No somos hijos inmaduros, incapaces, esclavos sino hijos de Dios. Podemos vivir en la libertad de los hijos de Dios; podemos disfrutar las bendiciones y la seguridad de nuestra posición.

LO QUE TENEMOS

Comunión cercana (vers. 6). ¡Qué alcance el de nuestra posición! Por la caída de Adán, todos los seres humanos heredamos muerte espiritual (separación de Dios; no hay comunión con Dios porque nuestro espíritu no está separado de Él). Por la redención obrada por Cristo, Dios reestablece esa comunión interrumpida y nos da vida espiritual al darnos su Espíritu; por la habitación permanente del Espíritu de Dios en nuestras vidas tenemos privilegios como la adoración (Juan 4:24) y la comunión y el amor entre nosotros los creyentes (Romanos 5:5).

Relación de confianza (vers. 6). Por el Espíritu de Dios, tenemos ahora una relación de confianza con Dios que nos permite llamarle no sólo “Padre” (lo cual ya es demasiado) sino utilizar incluso términos sumamente afectuosos como “Abba”. Romanos 8: 15 lo expresa así: “No habéis recibido el Espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! ¡Qué asombroso pensar en esto! El Dios del tabernáculo ante cuya presencia tan sólo podía acceder un hombre señalado como el Sumo Sacerdote, una vez al año y con un lazo amarrado en su cintura por el temor de ser muerto en el acto al ingresar al lugar santísimo, es ahora nuestro amante Padre Celestial ante el cual podemos acceder con confianza y hallar gracia. Tenemos ahora una profunda relación de confianza con el Creador del Universo, el Santo y Todopoderoso Dios, Temible, Jehová de los Ejércitos. La ley nunca pudo proveer de esta relación al hombre; el Espíritu de Dios lo ha hecho.

Bendición completa (vers. 7). La herencia que Dios nos ha dado por medio de Cristo, ya es nuestra. En Efesios Pablo dice que fuimos bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo; los tiempos verbales utilizados en Romanos 8:29-30 nos dan la seguridad que las bendiciones en Cristo ya son un hecho en nosotros; el apóstol Pedro asegura que nuestra herencia no sólo es incorruptible, incontaminada e inmarcesible sino además, intocable cuando asegura que está “reservada para nosotros en los cielos”. La bendición en Cristo es completa.

CONCLUSIÓN

Se cuenta que Alejandro Magno, emperador griego que conquistó el mundo, recibió desde niño de parte de su tutor, la enseñanza permanente que él era hijo de los dioses. Esta idea fue cultivada en su corazón de tal forma que creció con el convencimiento que esto era así y que, por tanto, él era invencible. Fue quizás este pensamiento el que lo llevó a someter en la guerra a todos los pueblos del mundo…

Dios quiere que la convicción del creyente de su posición como hijo de Dios le permita llevar una vida victoriosa de libertad en Cristo para Su gloria.